LOS COMENTARIOS

To the Happy Few: espero que estos comentarios y las otras ideas o divagaciones que siguen en la bitácora presente puedan ser de alguna utilidad a quien quiere seguir o ya está en este oficio o carrera de las letras, ya porque sea muy joven y no tenga a quién acudir, o ya porque no siendo joven de cuerpo sí lo sea de espíritu, y desee o considere que es adecuado, con toda llaneza, combatir de este modo que ofrezco el aburrimiento...

Las reglas de uso que propongo al usuario son simples: que tus comentarios busquen la contundencia de la piedra lanzada y suspendida en el aire, buscando allí afinar la idea.

Deseo también que estos pequeños dardos de este diario personal que aquí inicio sirvan como disparadero de ideas para otros proyectos ajenos destinados a otros espacios.

Por último, los diálogos que se produzcan los consideraré estrictamente privados. Y no es preciso poner punto final a los mismos, pues incluso los ya transitados pueden recrudecerse pasado un tiempo.

miércoles, 7 de junio de 2017

Códigos de malas prácticas. Becarios y otros esclavos.

¡Becarios del mundo, uníos contra el trabajo precario!

Cuando tenía 20 años, en mi tiempo de comienzo a la vida laboral y cultural no había nada de nada. Todo nos lo teníamos que hacer nosotros. Si pedíamos una galería o espacio de arte para exponer a nuestros amigos y comisariar las primeras expos, había que pintar las paredes, como poco, y desde luego colgar los cuadros o montar las piezas. Si hacíamos un concierto para nuestra Luna de Madrid, nos encargábamos de casi todo, de la comunicación, del protocolo, de cortar los tickets a la entrada, de la seguridad, y hasta de repartir octavillas y flyers los fines de semana en el Rastro, para reforzar nuestra propia comunicación. En toda revista cultural, era muy común que los redactores ayudáramos a los maquetistas los días de cierre a contar cíceros, medir espacios, pegar titulares con letraset, y en fin, todo aquello que había que hacer para sacar adelante nuestra idea. 

Todo esto tenía el valor casi medieval de unir la tarea de creación de contenidos a la tarea de producción de contenidos, de modo que en terminología marxiana no se puede decir que estuviéramos alienados, o extrañados de nuestro propio trabajo. Nadie podía arrebatarnos la plusvalía, si es que hubiera alguna. Tal vez ahora, en el mundo de la Galaxia Rural, que así lo llamo en mi libro de Gestión Cultural sucede algo similar, y los gestores de contenidos se ven en la obligación de crear el contenido y, además, de crear el soporte virtual que haga que ese contenido llegue a alguien. En todo caso, lo que prima será siempre una buena idea original y rompedora y sobre todo, propia.
Becario botones

Entonces, por suerte, no había becarios culturales. Había aprendices, en los oficios, y les pagaban algo y hasta les daban de comer y para el autobús. Digamos que en aquella época, en 1980, no podíamos ser explotados porque el sistema pasaba olímpicamente de nosotros y no tenía la menor intención de hacer nada con nosotros, ni tan siquiera explotarnos como becarios.

No había ni Comunidades Autónomas a las que pedir ayudas ni viveros, ni laboratorios ni hubs ni otras fruslerías del estilo. Nada. Éramos buscavidas, lazarillos, y algunos de los titulares de La Luna de Madrid de un poco más tarde, 1985, lo reflejan: "Salir de la lampancia" o "Contra la juventud", porque estábamos hartos de esa retahíla habitual de los bien pensantes que siempre manifiestan su oronda confianza en la Juventud que viene, o que vendrá, mejor más tarde, para así seguir ocupando el puesto laboral..., en España siempre escaso.

Ahora hay becarios, miles de becarios. Pero muchos, la mayoría, trabajan gratis, o casi gratis, por aquello de hacer currículo y ganar experiencias... Están encadenados a programas educativos de formación y a sistemas de prácticas no remuneradas que constituyen un sistema esclavo encubierto. A mí esto me parece una explotación. Una mala práctica que debería ser modificada. Además, esas prácticas curriculares son en muchos casos obligatorias, y los becarios tienen que cumplir con 400, o 500, o más horas del programa académico que ¡ellos mismos han pagado! El colmo del esclavo consiste en pagar para que te pongan la cadena al cuello, esto es, contratas a tu jefe, para que te explote. La nueva moda incluso en el ámbito de la Cooperación Internacional consiste en que para adquirir prácticas te vas de becario-voluntario a un campo de trabajo social o cultural y tienes que pagar a la organización que te acoge y selecciona por tu estancia, hospedaje y alimentación incluidas, y gastos de gestión. Es una especie de turismo laboral esclavo...

Eso sucede ahora ahí, y en el mundo de la cultura, las empresas públicas y privadas se nutren de los becarios para sacar adelante sus programas de gestión, atención y otros que generan beneficios y servicios. Me parece una aberración. Cuando el ciclo cambia, y comienza un nuevo año, hay becarios que entrenan a su vez a otros becarios que proceden de otros programas de becarios en un círculo infernal de becarios del que no se sale hasta que uno, exagerando, se jubila de becario. Aquí la supuesta figura del tutor o instructor la desempeña el propio becario. 

Hay que vindicar la figura del becario pagado, con un mínimo mensual para gastos, me da igual, 150€ o 200€ mensuales, y que el Estado y las CC.AA. asuman algún prorrateo de gasto parcial de alta en seguridad social. Y los sindicatos, por cierto, tienen que asumir esta figura del becario pagado, como necesaria socialmente para su desarrollo profesional, su autoestima y su equilibrio personal. Lo otro es permitir que sigan siendo explotados.
En nuestra época, la única ventaja de no ser explotados como becarios sine die ni fecha de caducidad, es que tuvimos mucho tiempo para perder el tiempo y para generar algunas ideas que, por el camino, nos obligaron a inventarnos nuestro puesto de trabajo, y nuestro ser en el mundo.
Becaria encadenada

¡Becarios del mundo, uníos contra el trabajo precario!


miércoles, 31 de mayo de 2017

Cuando la musa ataca.

Desde hace un año mas o menos he venido coordinando a diecisiete artistas contemporáneos de todos los registros, (escultura, poesía visual y escrita, performance/acción, diseño, grafismo, fotografía, pintura, arte sonoro, instalación,) con la idea de difuminar fronteras trans y multimedia. Todos participan con quince propuestas en Cuando la musa ataca:Supertangibles para enfrentarse ante la dificultad que se produce en el proceso de creación, concepción, y presentación y recepción de la obra. Cuando la musa ataca: Supertangibles encierra en su binomio dos ironías. La expo tiene lugar en el Palacio de Quintanar de Segovia y estará abierta del 30 de mayo de 2017 al 24 de septiembre. 

Por una parte, se trata de indagar el proceso creativo, cómo se produce el arte, cómo se “fragua” antes de que casi haya arte, en el antes, en el proceso de creación y concepción de la obra de arte, que, de alguna manera se quiere presentar y documentar para cada uno de estos artistas, a modo de making off de cada proceso mental. 

Se trata de tocar ese momento de fragilidad e intangibilidad objetual en el que el artista contempla su sueño desde una caverna platónica, que, a modo de cámara oscura, refleja sus obsesiones, sus luchas, todavía no expuestas y ofrecidas al destinatario de la obra, sea este quien sea, sea de la forma que sea. En el otro binomio del título, la irónica y posmoderna supertangibilidad rinde homenaje al crítico de arte José Luis Brea y al filósofo francés Christian Delacampagne y se centra en esa dificultad que se produce a la hora de percibir y apreciar el arte como espectáculo social, un arte a veces banalizado, desplazado y desprovisto de aparato crítico comprensible, o un arte privado de un lugar que dé al artista seguridad, y un espacio reconocible en la comunidad. 

Cuando la musa ataca: Supertangibles se aleja, aunque sea por un momento, de la tendencia más es más de los grandes montajes escenográficos, al servicio de la producción de grandes eventos, que obligan a un ejercicio de desmesura y de claudicación al reino de la cantidad, allí donde esa “tangibilidad” se presenta como farsa, como inadecuación. Al centrarse en el proceso de creación in nuce, cuando surge la idea o la chispa creadora, cuando la musa ataca, estamos también, al tiempo, vindicando un espacio de ternura, secreto, delicado, íntimo, donde se establece un diálogo muy personal de artista con el espectador, un vis-a-vis, una búsqueda de la complicidad y de la empatía, al margen del entramado del arte, y del círculo del saber y del poder mediático, cuando el arte es todavía sólo inspiración y utopía. 
Artistas presentes: 15/17 [quince propuestas/diecisiete artistas]



Cuando la musa ataca, se complementa con acciones/performances en vivo de algunos de estos artistas durante los fines de semana de junio.

Paralelo Segovia/Cuando la musa ataca/junio 2017

1. Los Torreznos. [Performance]. “35 minutos”. Sábado 10 de junio, 20:00. Salón de Actos. Palacio de Quintanar.
2. Manuel Rufo. “Dibujar con los pies”. Domingo, 18 de junio, 11:30. Salida desde el Palacio de Quintanar para un paseo ciudadano de dos horas.
3. Nieves Correa. [Performance]. “Homenaje a Saint Jean Arp”. Viernes, 30 de junio, 20:00. Patio del Palacio de Quintanar

domingo, 20 de noviembre de 2016

Bibliotecas expurgadas, desahucios y asilos.

Va pasando el tiempo,  -así que era esto, sí, y lo decía Gil de Biedma, en su No volveré a ser joven, "Que la vida iba en serio/uno lo empieza a comprender más tarde"- y aún peores cosas que eran, pudieron ser y no fueron, en fin, las casas se van quedando pequeñas, o se necesitan para una venta rápida, y hacernos con efectivo, -money, money- y es preciso irse a otra aún más pequeña, o nos divorciamos, separamos, o nos desahucian, y hay que dividir el patrimonio, el menguado patrimonio, vamos, amigos, una ruina. De ahí que por esto que digo nunca nos debemos alejar mucho, o nada, de nuestro Marco Aurelio, y de los compañeros estoicos que nos enseñaban en la escuela de la calle, en la Stoa, bajo los pórticos. O en los jardines, como en Herculano, que una dosis de laissez faire epicúreo viene bien a la escuela del saber esperar..., que la renuncia, con un vinito, sabe mejor.

Siempre vuelve uno al principio. La vuelta y el regreso a la lampancia de la que nunca salimos ni nosotros ni el país. Porque ya se sabe que aquí escribir y todo eso de la cultura es llorar. Casi siempre. Menos mal que es vocación, decimos para consolarnos, y eso aún nos lo reprochan los que están atados al duro banco, pero con el riñón cubierto. Nos dicen, "claro, hacéis lo que os gusta, pues entonces no os quejéis, ¡so cigarras!". Lo dicho, en nuestra libertad está nuestra ganancia, y eso sí que no tiene precio...

A lo que venía. El caso es que con tanto encogimiento y mengua de casa, de hacienda, y de cuerpo, los libros, las revistas, los recortes de periódicos, y toda suerte de soportes analógicos, -esto suena como de otro tiempo y es una palabra feísima- ya no caben en la casa que es de uno y pronto igual deja de serlo. O ya no podemos cargar con ellos, me decía un vecino con el que compartía charlas breves, en el rellano de la escalera. Tenía una colección bastante decente de los libros miniatura de Aguilar, los de la Colección Crisol, y en ocasiones hice con él algún intercambio, para completar algo la mía. "Llega un momento -me decía-, en que no puedo ni levantar los viejos diccionarios, comenzando por el mataburros de la RAE, ¡y los grandes catálogos de arte!, me cuesta un horror bajarlos de las estanterías y desplegarlos sobre la mesa. Pero me dan la vida, pues ya no puedo visitar los museos". De estas cosas hablábamos, cuando salía con su mujer, vestida como una princesa gastada de la novela de Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead. Y es que lo de ser analógico es como ser antediluviano, y yo creo que esto último era casi mejor, porque ser antediluviano es como ser o estar en el mundo antes de la caída, cuando había amor libre, y todo era fiesta, desenfreno y rock & roll. Y nada de rezos porque no había pecado..., ese sí que era un paraíso...

Esto que digo no es broma. Porque la vida es larga, y la lucha por ganarla o perderla nunca termina, hasta el último momento. Todo un fastidio. Estos días hemos sabido, a propósito de la muerte de Leonard Cohen, que a los setenta y tantos largos fue estafado por su representante y se quedó el poeta casi sin dinero, y por eso mismo se tuvo que echar de nuevo a la carretera, y a los conciertos en directo, para ganarse esa vida, que veía, cada vez más oscura, como nos dice en su último disco. Era un descuidado y feliz, y esto ya le había pasado con los derechos de Suzanne, que también se los había robado un aprovechado arrebatacapas.

Cada vez encuentro a más amigos que se vuelven, a casa de sus nonagenarios padres, o que los raptan, para disfrutar ellos de su pensión, y del menguado peculio. Mientras no les quieran echar, claro, que es lo que le pasó a mi vecino, y a su mujer. Su hijo se arruinó, cosas de una imprenta antediluviana, y desesperado convenció a sus padres, de aquella manera, claro, para que se fueran ellos a una residencia aparcadero de ancianos, y de ese modo poder vender la casa, y hacerse con algo de metálico para salir adelante. Me lo dijo una mañana mi vecino, con cara de retirada de la guerra de Cuba, y/o de haber leído el poema de Gil de Biedma por última vez. Ni pude ni supe decirle una palabra de consuelo. Porque me podía imaginar muy bien el escenario. El hijo arruinado, los nietos en riesgo de quedarse a dos velas, y los abuelos, los pobres abuelos que estaban como una rosa a sus 92, viviendo en una casa de 350.000€, vamos, como eso de sentarse a tomar el sol a la boca de una mina de oro.... en el far west... Reconozco que tuve un mal pensamiento, somos así, y hasta dudé en hacerle una oferta por los crisoles, y por algunos catálogos antiguos, que había entrevisto con codicia, en su biblioteca, y que con seguridad irían por ahí a malbaratar.

Pero, por suerte, aquello no pasó de un mal pensamiento. Se quedó en esas viejas tentaciones que nos ponían los demonios de antes, de cuando había demonios y creíamos en ellos, y nos tentaban. Y uno aprendía a controlarse, y a no ceder. No, aquello estaba mal. Yo no podía beneficiarme de su desgracia, hubiera sido esto un detalle de pésimo gusto y, quién sabe, hasta una humillación. Igual el pobre viejo todavía soñaba o imaginaba con la improbable rareza de algún nieto lector que un día se entretuviera con sus viejos libros, recordando al abuelo.

Las ventajas de una buena educación, de las de antes, de las que enseñaban a contener las bajas pasiones y a dejar en su sitio a los malos pensamientos, es que uno es menos proclive que otros a ceder a la pulsión de estos bajos instintos, anclados en el superyo de la especie y en la escala evolutiva de los cazadores oportunistas que fuimos durante varios cientos de miles de años. Ahora estamos, y están, -también porque son pocos, o menos-, todos al servicio del malcriado niño emperador, hijo de mamá, y putativo de abuela, de tía, para que entre todas le pongan piso, porque si no, ojo, le sale el machito alfa, y te lo quita él mismo. Y también está esa escuela pedagógica del soltarlo todo, del expresarlo todo, y de no dejar nada en la recámara del magín, como si lo bueno fuera ir por ahí soltando y haciendo todo lo que se nos ocurre, con tal de expresar nuestra individualidad. Pues ya no hay arte ni oficio, dicen estos, y todos podemos expresarnos y soltar cualquier burrada. No, mire, muchas cosas, se deben quedar en borrador, en boceto, en propuesta mejorable y, desde luego, muchas otras, no deben salir de ahí ni como prototipo. Y una buena educación sirve para saber dónde esta el límite que nos precipita a la ofensa gratuita, al mal gusto granhermanista de una sociedad obscena, trivial y manipulada. No por transgresora, sino por banal.

En mi caso, y para que los libros no me coman, y como quiero ahorrar tormentos a mis futuras canas, he comenzado a realizar podas selectivas, pequeñas donaciones e intercambios con libreros cualificados. Sí, cuando comprendí que en casa ya había ocupado el límite de lo deseable, con libros en el salón, en los pasillos, en mi despacho, y en un trastero con sus cuatro paredes, forrado del suelo al techo, me dije que había que hacer algo. Claro que hay estrategias para que los libros circulen y vuelvan a un mercado secundario. Y si nadie los quiere pues hay bares de borrachos, hoteles de solitarios y parejas que no se soportan, y espacios de "book crossers" donde se pueden dejar los libros, huérfanos de dueño, para que tengan una segunda oportunidad, en esos encuentros furtivos que he poetizado en De los años próximos.

Como quiera que sigo comprando libros y catálogos y me siguen llegando, de un modo u otro, hace ya un tiempo que he iniciado una política de lo que yo, en mi caso, llamo "quitas", buscando la esencialidad de los temas, buscando la concentración sobre mis intereses más cercanos. En el caso de autores concretos, hago juicio sumario, y le informo al autor que tiene que ser desahuciado. Hay luego asuntos que ya no me interesan, o que sirvieron para documentar un libro ya publicado, y por tanto las fuentes están ahí. Los que bajo al trastero, en general, han perdido una medalla. Es una degradación. Es un primer paso para la salida definitiva. Un día, cada seis meses, más o menos, me armo de valor, bajo con dos o tres maletas con ruedas, y actúo, con energía, un poco sin miramientos, como suelen hacer los jueces, o los que han sido jueces. Este poeta fuera, este ensayista fuera, este catálogo fuera. 

Al no ser muy ordenado, y como tengo mucho barullo, también me encuentro sorpresas, -sucede mucho-, y re-descubrimientos. Abro un página y me pongo a leer. De modo que en esos juicios, muchos autores vuelven a ser vindicados, y les restablezco los honores y suben a casa..., de las profundidades del trastero A veces, también, los había olvidado por completo, y no sabía ni dónde estaban. En estas idas y venidas también me ocurren cosas muy raras. Un libro al que le tenía mucha manía, y que apenas leí, por prejuicios contra el autor, que conocía, lo abro ahora y veo que decía cosas importantes. Me arrepiento de no haberlo tratado bien en su día, por puro snobismo, o por impaciencia. Siempre le puedo dedicar un poema, ex-post, o mencionar en una entrada en este blog, que es lo bueno de la literatura, que siempre se puede hacer justicia..., así que pasen cinco o c¡ncuenta años.

También, como he vivido en varios países, y de las mudanzas uno nunca se recupera del todo, me sucede que sé que tengo libros, pero que están por ahí, descolocados. O que los he comprado dos veces, o en dos idiomas. Y por fin se juntan ahora durante unos de esos juicios sumarios, purgativos. Pues tras la pensa de trastero viene la de expulsión, la de desahucio. Hace unos meses buscaba para mi hija una edición de Cien años de Soledad, para su lectura colegial de bachillerato. No encontré la edición "normal" que sabía que tenía, y que debía estar en su sitio, junto a literatura latinoamericana. Bajé al trastero, y encontré la primera editada en España, cubierta de Vicente Rojo, del 69, no la argentina, pero una buena pieza. La había comprado en Quito, en una librería de viejo, en un pequeño lote que se había "traspapelado" y perdido en el trastero, con su envoltorio. Venía con Versión Celeste, de Larrea, que tengo por partida doble, y una antología de poemas de Santos Chocano.

En fin, me he extendido, pero sí, es nuestra obligación mantener algo de orden  y evitar estos espectáculos futuros... Pero el final de esta historia es triste. Mi vecino, qué decir; lo diré en breve. Sin su biblioteca, expulso de su reino, y ya en el hogar de ancianos de pago a que tenía derecho por su pensión y por los cuatro duros que le había dejado el hijo arruinado, duró menos de seis meses. Y su mujer le siguió en un mes después. Un día, en el portal, encontré una notita que anunciaba un funeral conjunto para los dos, en la parroquia del barrio. No fui, claro. No era caso. Pero de nuevo pensé en los crisoles, en la oferta que no hice, por respeto, y en aquellos catálogos que no pudo llevarse al asilo, y que le daban la vida...

miércoles, 27 de enero de 2016

Nos falta Riego.

He pensado hoy en Rafael de Riego, tras visitar ayer a mi amigo Carlos Alberdi, en la Biblioteca Nacional de Madrid. En su despacho hay un pequeño retrato del general, que Carlos me ha mostrado en alguna ocasión. Ayer también me habló Carlos de algunos de sus legados, objetos y cartas que guarda esa ilustre casa. No los diré aquí, pues quedan para otro día. Riego nació en 1784 en Tuña, Concejo de Tineo, en el corazón de Asturias, y murió ahorcado en la Plaza de la Cebada de Madrid, en 1823, ya prisionero de Fernando VII, el rey Felón, y una vez que los 100.000 hijos de San Luis, en representación de la Santa Alianza, hubieran derrotado a las fuerzas liberales que habían gobernado durante el Trienio liberal, entre 1820 y 1823, en nombre de la re-instaurada Constitución de 1812,  De aquellos polvos, estos lodos. Sí, nos falta Riego, y todo lo que no fue España. 
Sí, qué difícil sigue siendo España. Son días de inminentes pactos, (esto parece una broma), estos de enero de 2016, y de supuestos compromisos políticos que no terminan de darse, porque parece ser que esta palabra compromete, al declinarse, el honor propio y el ajeno, y el de la tribu que a uno le jalea desde el gallinero que llevamos dentro. Uno contempla lo que pasa o pasó en otros países, desde la atalaya de este siglo XXI ya entrado. Y se sorprende que el peso de cientos de años de conservadurismo, de dictaduras, de monarquías feudales, de luchas cainitas, de revanchas jacobinas, de guerras internas no sofocadas, de adhesiones inquebrantables, de clericalismo a machamartillo y en general de odio y de falta de respeto al otro, se halle todavía tan presente.
Pues es la gente, sus representantes, los que marcan el estado de fondo de un país, gente con fondo poco ecuánime y con temperamento religioso, henchidos de orgullo y soberbia, rasgos del carácter tan patrio, tanto a izquierdas como a derechas, centrípetos y centrífugos, tanto en el centro como en los adentros, que por generaciones parecen haber mamado el desprecio al rival, la anulación de las razones del oponente. Gentes que por todas partes ven o trazan líneas rojas, del color de la sangre, para darse valor, y para quitárselo al contrario.
Un inglés o un francés sabe ser de derechas pero al tiempo ser liberal en sus costumbres, en sus hábitos más personales, que es al fin y al cabo lo que cuenta, lo importante, y lo que por cierto en verdad molesta a todo intransigente que se precie de su intransigencia. Pueden ser laicos, franceses o ingleses, librepensadores y de derechas. Pueden ser de izquierdas, laboristas, socialistas y comunistas, pero venerar las tradiciones, los hábitos culturales no compartidos, y hasta la Navidad si se tercia, que si no es cosa suya, mejor la dejarán en manos de otros, que la harán con gusto. 
Todo esto es rara avis en este país carpetovetónico, y donde sigue latiendo el viejo deseo de aniquilar al contrario, y de imponerle nuestro credo, de darle la lección y de tomársela. Claro que estos países tuvieron revoluciones liberales triunfantes, y generaciones de ciudadanos que crecieron en libertad. Riegos triunfantes que aquí acabaron en el cadalso. Nuestro aneurisma no lo disuelve ni la dinamita, que ha sido la tradicional receta para disolver aquí las cosas, digo, para dirimirlas. Nos falta Riego cerebral. 

sábado, 12 de septiembre de 2015

Fracasos que son victorias. Panero.

Hace unos meses mi más reciente editor de poesía, Huerga & Fierro, y mi más antiguo, pues median treinta años entre mi primer y mi último libro en esa casa publicados, solicitó en su pagina editorial una propuesta de título para un libro de Leopoldo María Panero. Yo respondí, desde luego. Y aquí hago pública esa respuesta. Sirve de homenaje a mi amigo Leopoldo, pero por extrañas circunstancias, este título me sirve también a mí, ahora que he sufrido un herem medieval por parte de un grupo de indocumentados y amateurs de la política. Y este herem me recuerda la condición de exilio propia y consustancial al escritor y al artista, y en este sentido mismo, y como me han dicho muchos amigos, tal vez sea ello para bien, pues allí donde se pierde un gestor, se gana un poeta, -en palabras de Samuel Bosini Narral, mi editor porteño- si bien digo que perdido, nunca estuvo, eso que quede claro, pues mi lealtad a la Musa y Apolo, va por encima de todas. 
En cuanto al libro publicado con Antonio y con Charo, El que hiere de lejos, en la Colección La Rama Dorada, que dirige Mercedes Monmany, otro día le dedicaré yo una reflexión a mi propio libro, pues se está revelando muy viajero, y amigo de bolos (hekibolos), y me está paseando por tiempos y lugares, dando razón a mi teoría y práctica del tokonoma que descubrió el maestro Lezama Lima. Voy a lo de Panero. Le escribía así a mi editor.
Querido Antonio:
Mi propuesta de título para el libro inédito de Leopoldo es la siguiente y requiere una breve explicación. Fuimos amigos y me siento orgulloso de haberle realizado, en compañía de Borja Casani, una de las mejores entrevistas que se le hicieron, y que publicamos en el primer número de La Luna de Madrid, allá por el lejano 1983. Lo invité luego a seminarios, conferencias, lo saqué varias veces de los centros psiquiátricos de Ciempozuelos y de San Sebastián y lo llevé por aquí y por allá. Recuerdo siempre, cuando me venía a ver a la redacción de la revista, que luego lo tenía que acompañar a coger un taxi porque a él no le paraban, por la pinta que llevaba, aunque tuviese dinero. Y también recuerdo tener que quitarme de encima a su madre, Felicidad, pobre, que quería cobrar por él, en su nombre, los modestos honorarios que le pagábamos a Leopoldo por sus colaboraciones en La Luna de Madrid.
Lo pasamos bien muchas veces, pese a múltiples "incidentes" y a provocaciones varias que no son del caso. Leopoldo era un provocateur, y por esa época todavía, cuando podía, ejercía de tal. Le encantaba escandalizar y reírse acto seguido con esa risa hueca, arrastrada y explosiva que solía terminar en un ataque de tos virulenta.
En una comida oficial presidida por el rector de la Menéndez Pelayo, Santiago Roldán, el maravilloso, bondadoso y genial Curri, -y en un curso que yo dirigía-, recuerdo de nuevo a Leopoldo quitarse los dientes postizos y depositarlos en el vaso de agua de una señora muy formal, invitada a otro seminario, para escándalo de todos los presentes. De esas, muchas.

La última vez que lo ví, hace unos diez años, fue en Madrid, a mi regreso de mis años viajeros por ahí afuera. Fui por sorpresa a verlo en un recital de poesía, creo que en el Colegio Mayor Evangelista. Al final del recital me acerqué para saludarlo. Al verme, tras el abrazo, casi al oído, me dijo. "Hombre, Tono, todavía no te has muerto; creí que te había muerto; todo el mundo se ha muerto".

Vuelvo atrás. Yo por entonces, a principios de los ochenta, estaba obsesionado con la idea del fracaso literario, personal y vital. Además, me repugnaba la idea triunfar en la vida. Era una preocupación adolescente o una manera de defender un atisbo de integridad, tal vez una premonición, no sé. Mi primer libro de relatos contigo, que fue bien, recuerdas, se tituló "Una fatal pérdida de tiempo", como este mi blog.

Yo le comentaba este tipo de cosas a Leopoldo, así como la idea aneja de que "integrarse en el circuito" suponía una suerte de traición a los ideales más puros de uno. Un día, a propósito de ello, me soltó y me "regaló", así me dijo, esta frase o cita, que yo copié, a su vez citándole, en el poema nº 25 de "De los Años Próximos", mi segundo poemario que también publiqué contigo:

"Hay victorias que son fracasos y fracasos que son victorias como diría Karl Liebknecht la víspera de su asesinato." 
Mi propuesta de título es clara: "Fracasos que son victorias", un título de Leopoldo que hoy me viene a mí al pelo. 

domingo, 28 de junio de 2015

Día del Orgullo Gay. Juan Gil-Albert:

Hoy que hemos tendido la bandera del Arco Iris en la Plaza de Cibeles de Madrid me he acordado de repente del poeta y ensayista valenciano Juan Gil-Albert, y de su poderoso y valiente Heraclés. Sobre una manera de ser, libro escrito en 1955 y sólo publicado en 1975. Es uno de los más delicados y emocionantes estudios literarios de la homosexualidad, y del carácter homosexual, como forma integrada en la vida de todos los días, un poco a la griega, que era la manera en la que Gil-Albert reconocía mejor ese amor, y un poco bajo el prisma del aventurero, del integrante de una tribu anarquista y rebelde, en donde el homosexual se posiciona como el disidente vitalicio por antonomasia. Heraclés es un pequeño tratado que recorre tiempos e ideas, entreverando citas y reflexiones propias, homenaje a Platón y al dios Antinoo, el llorado amante que se sacrificó para salvar al emperador Adriano. Pero sobre todo, antes que nada, es un tratado acerca de un carácter, de una pasión, de un modo del ser en el mundo que tantas veces ha caminado entre tinieblas...

Como muestra, va aquí este botón de su demorada prosa: “La norma de los ociosos no es la ética de los trabajadores, es la estética de los contemplativos. Ni necesitan trabajar ni divertirse. Se recrean, se saben ser; asisten, narcisísticamente, a su transformación paulatina dentro de un módulo dado. En el caso del homosexual esta virtud recreativa toma el aspecto de una embriaguez desolada; por lo exaltadamente que se produce en la soledad más estricta. Representa el antiascetismo vital, el esteticismo nato. Y como las obligaciones que nos inculca la materia le son intolerables es por eso que se adhieren en el amor, a aquella forma del mismo que no pasa de ser, en su estructura pasional, más que una imagen, sin consecuencia, de la atracción que opera en el Universo, una ínclita sugestión de la mente. Un juego ideal. El vehículo necesario para que todo ese afán de soledad recreada de sí mismo y de exaltación plástica del amado, se caldee por dentro y palpite como una entraña. O sea, se vitalice”

Yo conocí en persona Juan Gil-Albert a finales de 1981, cuando yo tenía 21 años y él 75. Era un hombre delicado y que aún se sorprendía de cosas completamente cotidianas que para nosotros eran la más triste evidencia. “Recuerdo estas calles de Madrid, más anchas, más hermosas, la gente paseando, cuando aún no había coches que llenaran las aceras”, decía. Solía quedarse en hoteles señoriales de la calle Velázquez, huyendo del barullo del centro de la ciudad. Allí nos recibía a los jóvenes poetas que le llevábamos nuestros versos inéditos.   Y todavía con muchas ganas de ligar. En cuanto podía, te invitaba a subir a su habitación, para probarte. Por si había suerte.

Era un hombre desusado, de otro tiempo, del suyo propio. Por entonces,o tal vez poco después, comenzaba a preparar el estreno de su Valentín, en la sala Olimpia de Madrid. Nosotros preparábamos la salida de la revista La Luna de Madrid, y le ofrecí colaborar desde el nº cero. Le hizo una ilusión enorme, “mi mejor reconocimiento”, dijo, que era pensar que jóvenes como nosotros, que teníamos fama bien ganada de airados y punkis, le ofreciéramos colaborar en nuestra revista posmoderna. 

Como he contado alguna vez, Juan no escribía ya por entonces, y cada mes, me dictaba la pequeña prosa que publicábamos en la revista en un pequeño recuadro, titulado Breviarum Vitae, a modo de pensamiento ilustrado. Aquí en esta bitácora ya me acordé de Juan en una nota que titulé Contra Corriente

Juan Gil-Albert nos animaba todos a seguir el impulso propio y creador que debía cristalizar en proyecto, como hicieran Rilke, Kandinsky o Juan Ramón. Juan era solidario como persona, pero individualista hasta la médula como creador. Destestaba lo que llamaba “la pseudointeligencia adocenada de nuestra “civilización fabril: febril”. Su divisa, por él mismo proclamaba en Los días están contados, escrito en 1952, y publicado en 1974, decía así: “Ayúdame a vivir contra corriente”. Era el primer verso de uno de sus sonetos. Reconocía él que era una divisa de pocos, de quienes se alejaban de lo multitudinario, y de todo aquello que la prensa y los medios machaconamente repetían, ese “todo anónimo de cabezas parlantes y corazones manufacturados”. Supongo que hoy estaría tal vez sorprendido, contemplando esa bandera de pocos que se han hecho, poco a poco, muchos... La inmensa minoría que se ha integrado en la mayoría, por fin...

viernes, 20 de marzo de 2015

Cuatro Poemas Circulares de J. L. Borges.

Cuando yo era adolescente, a finales de los setenta, y comenzaba a escribir, y aun durante los años ochenta, estaba en boga de los malos poetas de la Escuela de la Experiencia, y de otros epígonos cansinos del gran Ángel González, el criticar la poesía de Borges. Tampoco era bien vista su poesía en los círculos que frecuentaban las tertulias de Cuadernos Hispanoamericanos, como no gustaba Lezama Lima, y en general la poesía barroca latinoamericana. No gustaban del porteño sus rimas evidentes, su ritmo clásico, su historicismo narrativo, y menos aún la filosofía perenne y la poética de la analogía y la circularidad que anidaba en sus poemas. Decían estos además que Borges escribía muy buenos cuentos, pero llenos de “erudición prestada”, como si esta pudiera ser de otra manera, y que desde luego no era poeta. Para su desgracia, y pese a dominar gran parte de la escenografía de la crítica que se hacía en los medios hispánicos, Borges se impuso él solito, como se imponen los poetas, con su voz, con una voz, por cierto, casi indisociable en el hacer poético y en el hacer reflexivo.

Es cierto que la poética de Borges, y su conocimiento, y la plasmación de ese conocer en su poesía, es ajena del todo a la linealidad. La idea de un mundo que se desarrolla de una vez para siempre en un sentido le es totalmente ajena. No hay Razón en Historia, o desenvolvimiento de la misma, y por tanto nadie puede apropiarse de esa bandera para imponer una verdad sobre otra. Esta impresión, en política, lo hará demócrata y conservador, y cauto ante todo compromiso y militancia; posición adecuada para un porteño de La Recoleta, pero insostenible en Argentina.

El Universo y su perfeccionamiento en la Historia, para Borges, en realidad, es una cárcel. Podemos conocerlo por analogía, al margen de la causalidad, tal y como decía Octavio Paz que conocían los pueblos mesoamericanos a sus dioses. Su alegoría del alfabeto, y la construcción de un mundo imaginario de repeticiones a partir del mismo, ejemplifica su posición, si bien no debe ser tomada literalmente.

El alfabeto, nos dice Borges, tiene veinticinco signos; lo podemos combinar un número enorme pero limitado de veces. En el extremo, en el de un hombre inmortal, por ejemplo, las mismas páginas, los mismos escritos, y hasta los mismos pensamientos se han de repetir. Claro que esto sólo es concebible desde la divinidad, es decir, si tal hombre es Dios, o un dios. Primera trampa que nos tiende Borges. Y que le dará mucho juego, pues tal existencia divina sólo se puede comprender desde el aburrimiento o desde el sopor.

De este modo, llegamos al centro del laberinto tras descubrir un universo y descubrimos la puerta que nos conduce a la casilla de salida. El universo es por tanto una cárcel. Y lo que se postula de los libros y los signos se postula de los hombres. Así, tal vez no sea esta la primera vez que leéis estas reflexiones, pues ya nos hemos encontrado en otro confín del tiempo; y las casualidades que hasta aquí nos han traído son repeticiones de actos de otro. De otro que igual nos está soñando en otro universo paralelo, o que ya nos ha soñado, puesto que tal otro universo puede ir adelantado respecto del nuestro, o tal vez atrasado, y que influye sobre nosotros a modo de vaticinio. Son los sueños de Brahmá, que se repiten en Edades legendarias; las dudas de Arjuna, antes de entrar a la batalla de los Baratas, conjuradas por Krishna, preludio de una enseñanza eternamente presente.

Por este camino seríamos incapaces de convencer a los personajes de nuestros sueños de su irrealidad, como tampoco nos convencerían ellos de la nuestra, escenario similar al de los cuatro protagonistas de A puerta cerrada, de J-P Sartre, encerrados en una habitación o infierno, condenados tras una muerte que no recuerdan. Por estos senderos que se bifurcan, Borges es un especialista en tejer sueños de un sueño con pretensiones de lógica, en una noche interminable, con la amenaza de no despertar rozándonos o seduciéndonos, en un ejercicio de cuerpos y sombras digno del mejor Zorrilla.

Los temas de Borges regresan cíclicamente; son frases y formas que dejan intuir sucesivas series, como lo supieron los alumnos de Pitágoras, por él citados tantas veces. Y por esa misma razón, Borges se copia y corrige sin descanso, o se matiza o se contradice entre texto y texto, ya sea éste poema, relato o ensayo. Si el destino está enmascarado, Borges no duda en presentarse a esa cita con nuevos y variados disfraces en los que rehace el tiempo ido, y teje el porvenir. Ariadna, Penélope, Proteo, cualquier nombre sirve. No importa tanto el resultado final si pensamos que todos escribimos el mismo libro; un libro ya escrito que fatalmente todos ignoramos. De aquí nace el interés literario y vital de Borges por la Kábala, por el delirio de dar vida a ese Golem que esta, según escuelas, admite, y en general, por el sueño de conocer los nombres de Dios y de cartografiar hasta el límite el Libro del Génesis, un texto sin arbitrariedades, dictado por la misma divinidad. Borges, en su demoledora e irónica astucia, aspira a conocer la Totalidad mediante la interpretación del libro sagrado.

Pero Borges, alter ego de Homero, es al mismo tiempo un escéptico radical, un pragmatista inglés que descree de los sentidos, que son engañosos, un anarquista de pensamiento que necesita de esos espejos que teme y desprecia para reconstruirse. Ante la realidad, la Totalidad borgiana se quiebra como la luz se parte sobre sobre el prisma, y pierde sus sentido. Su existencia dura lo que dura el reflejo de su imagen y Borges necesita escucharse para creerse. Su ceguera final será un acicate para lanzar esa interrogación acerca de su propio nombre.

¿Quién es Borges? ¿El aventurero que no fue? ¿El malevo que soñó ser? ¿El militar de la frontera? ¿El europeo continental, el inglés, el americano? ¿El orientalista? ¿El erudito? Borges, que cumplirá con todas esas vidas que no fue, en sus escritos, aspira con ellas a borrar al otro Borges que las escribe. Con una prosa rigurosa y ordenada, y con una poesía contenida, pensada, Borges nos propone un mundo caótico, donde la invención, la virtud suprema del Gran Hacedor, queda sujeta a unas claves secretas que debemos reconocer. En ese reconocimiento nuestro subyace su forma de afirmarse en este mundo.

De entre todos mis preferidos, y para encuadrar estas líneas de homenaje,  he seleccionado estos Cuatro Poemas Circulares, dos de los años veinte y dos de los sesenta.

Líneas que pude haber escrito y perdido hacia 1922
(Fervor de Buenos Aires,  1923)

Silenciosas batallas del ocaso
en arrabales últimos,
siempre antiguas derrotas de una guerra del cielo,
albas ruinosas que nos llegan
desde el fondo desierto del espacio
como desde el fondo del tiempo,
negros jardines de la lluvia, una esfinge de un libro
que yo tenía miedo de abrir
y cuya imagen vuelve en los sueños
la corrupción y el eco que seremos,
la luna sobre el mármol,
árboles que se elevan y perduran
como divinidades tranquilas,
la mutua noche y la esperada tarde,
Walt Whitman, cuyo nombre es el universo,
la espada valerosa de un rey
en el silencioso lecho de un río,
los sajones, los árabes y los godos
que, sin saberlo, me engendraron,
¿soy yo esas cosas y las otras
o son llaves secretas y arduas álgebras
de lo que no sabremos nunca?


Mi vida entera
(Luna de enfrente, 1925)

Aquí otra vez, los labios memorables, único y semejante a vosotros.
He persistido en la aproximación de la dicha y en la intimidad de la pena.
He atravesado el mar. He conocido muchas tierras; he visto una mujer y dos o tres hombres.
He querido a una niña altiva y blanca y de una hispánica quietud.
He visto un arrabal infinito donde se cumple una insaciada inmortalidad de ponientes.
He paladeado numerosas palabras.
Creo profundamente que eso es todo y que ni veré ni ejecutaré cosas nuevas.
Creo que mis jornadas y mis noches se igualan en pobreza y en riqueza a las de Dios y a las de todos los hombres.


A la efigie de un capitán de los ejércitos de Cromwell
(El Hacedor, 1960)

No rendirán de Marte las murallas
a éste, que salmos del Señor inspiran;
desde otra luz (desde otro siglo) miran
los ojos, que miraron las batallas.
La mano está en los hierros de la espada.
Por la verde región anda la guerra;
detrás de la penumbra está Inglaterra,
y el caballo y la gloria y tu jornada.
Capitán, los afanes son engaños,
vano el arnés y vana la porfía
del hombre, cuyo término es un día;
Todo ha concluido hace ya muchos años.
El hierro que ha de herirte se ha herrumbrado;
estás (como nosotros) condenado.

  
Everness
(El otro, el mismo, 1964).

Sólo una cosa no hay. Es el olvido
Dios que salva el metal salva escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.

Ya todo está. Los miles de reflejos
que entre los dos crepúsculos del día
tu rostro fue dejando en los espejos
y los que ira dejando todavía.

y todo es una parte del diverso
cristal de esa memoria, el universo;
no tienen fin sus arduos corredores

y las puertas se cierra a tu paso;
sólo del otro lado del ocaso
verás los Arquetipos y Esplendores.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Once Tesis sobre PODEMOS o el posible fin del Régimen de la Transición del 78 (3ª entrega, final).

8. La Tesis de la Autenticidad.
Fuera de los programas y de su posible indefinición, que en PODEMOS es, por una parte, una seña de identidad vinculada a un proceso de construcción grupal de la personalidad propia, en calles, plazas, redes y círculos virtuales y reales, y, por otra, una traza de su estado virginal en cuanto al gobierno real de las cosas, es evidente que en su espíritu fundacional subsiste una concepción improvisada del quehacer humano, teñida de un cierto voluntarismo humanista de la acción concreta. Es, en palabras de Hannah Arendt, un tipo de "acción que corresponde a la condición humana de la pluralidad..., debido a que nadie es igual a cualquier otro que haya vivido, viva o vivirá..., es decir, acción que crea la condición para el recuerdo, esto es, para la historia". Autenticidad de la Acción en Movimiento. Es un escenario en el que se atisba una crisis  permanente de valores comunes y de referencias, en una Europa a 27 difuminada, sin un proyecto común de ciudadanía, la única escapatoria de esta realidad roma, triste, pobre, y sin ilusión consiste en invitar al ciudadano a recuperar un sentido de autenticidad en la vida.
De este modo, PODEMOS plantea un rechazo frontal de ese producto-individuo uniformado moralmente, simplificado emocionalmente y desechable, en un intercambiable circuito de usar y tirar. PODEMOS reclama, en cambio, un  consumidor-productor disidente, un emprendedor social de nuevo cuño, que se aparte de “esa economía que se ha convertido en una economía de derroche, en la que las cosas han de ser devoradas y descartadas casi tan rápidamente como aparecen en el mundo, para que el propio proceso no termine en repentina catástrofe..., proceso en cuyo ciclo siempre repetido las cosas aparecen y desaparecen, se manifiestan y desvanecen, nunca durando lo suficiente para rodear al proceso de la vida", por citar de nuevo a Arendt.
En su extremo, desbocado, el riesgo de esta idea de indagación colectiva o personal de la Autenticidad, como descubrimiento y definición de un programa aplicable a los demás, es su posible conflicto con la idea de Tolerancia y la necesaria provisionalidad de todo conocimiento humano, pues el acceso a la verdad por la vía de este tipo de indagación ha generado en la historia no pocas calamidades. Ahí es donde PODEMOS tendrá que probar sus frenos.

9. La Tesis del Puritanismo.
El Puritanismo de PODEMOS se asemeja a la vieja rama del priscilianismo anarcoide español que siempre retoña, una vez por siglo cuando menos, y que es del todo parte de la esencia española, como bien explicaba el propio Marcelino Menéndez y Pelayo, su detractor favorito. PODEMOS es parte de esa corriente de ascetismo-rigorista, comunitarista de base, que reacciona a un medio marcado por costumbres estrambóticas y perdularias, ajenas por completo a los antiguos usos castellanos y hasta cristianos.
Pues el catolicismo español fue siempre derroche y exceso en la forma, teatro público, pero sobriedad monacal en los usos personales. PODEMOS es o propone una Reforma, una purificación que pide a la sociedad una catarsis para que los puros, los nuevos cátaros, traigan el Reino de Dios a la tierra, como quería Joaquín da Fiore. PODEMOS  es el Milenarismo del Fin de los Tiempos del Capitalismo financiero transnacional, un joaquinismo que se opone al ciego y depredador brazo ejecutor que se olvida de las personas. El riesgo de todo milenarismo consiste en suscribir las medidas del presente, cualesquiera que sean, a beneficio de inventario del prometedor futuro...


10. La Tesis del Idealismo.
La exégesis del sistema a través de sus poderosos medios afines ha querido dejar caer sobre PODEMOS las centenarias acusaciones de patológico infantilismo, espontaneísmo anti-sistema e impracticable e ineficaz y utopismo, taras que servían y sirven por igual para condenar cualquier tipo de idealismo de raíz libertaria, o simplemente decembrista y reformador que se quiera oponer a un poder injusto constituido legalmente. Porque la raíz y la fuerza de todo idealismo consiste en negar la legitimidad de un poder que no responde a la verdadera naturaleza de las cosas, tal y como vienen estas representadas en el ideal añorado de la acción política.
Pero el idealismo sólo es efectivo políticamente si es capaz de impregnar al individuo concreto de su fuerza, y convertirle en agente activo del cambio. Para reconstruir este ideal hacia los adentros, PODEMOS busca la "auto-construcción" de la individualidad, la auto-resocialización del individuo en un nosotros, enajenado por la incomprensible tecnocracia del Reino del Big Data y cosificado en lejanas leyes que lo desahucian del sistema. Esa capacidad demostrada de "auto-construcción" de la individualidad en un nosotros virtual es su verdadera fuerza.
El joven Marx, el idealista de los Manuscritos de Economía y Filosofía, escribía que todo extrañamiento de la real esencia humana no es nada más que extrañamiento de la autoconciencia, un extrañamiento profundo que va más allá del saber y el pensar. Parafraseando a Marx, PODEMOS buscaría la reapropiación de la esencia objetiva enajenada en cuanto incorporación en la autoconciencia, un empoderamiento del hombre que se apodera de la esencia objetiva, facilitando el retorno del objeto al sí mismo, la reapropiación del objeto como un nuevo humanismo.  
En este contexto de crítica a la alienación del hombre contemporáneo, el riesgo de este reconocerse y auto-construirse, recuperando una hipotética unicidad, es el de recaer en algún tipo de vieja abstracción objetivista o esencialista del individuo, allí el formalismo quiera dictar su regla a expensas de la pluralidad.

11. La Tesis del Populismo.
El líder convencionalmente devenido en héroe, y ahora en candidato, rechazó en Vista Alegre ser el macho alfa de la tribu. Ese rechazo expresa su humildad, real o fingida, su ideal metafórico de ser uno más, “como todos”, y eso es lo que lo eleva ante esos todos. Eres uno más, como nosotros, y te hacemos rey, parece decir el Círculo Máximo de la plaza de toros, hierofanía del semidiós que se ofrece en sacrificio sobre el hispánico albero.
La acusación de populismo contra PODEMOS es irrelevante, pues toda la política española de los últimos 25 años es (in-)sustancialmente populista, y personalista en grado sumo. Por eso la política no la hacen los que redactan los programas, sino los que “cocinan las encuestas”, por descender y emplear el argot de la rama telegénica de la comunicación en la que ha degenerado la sociología política en estos tiempos velocificados y posmodernos, en su versión negativa.

Lo que está por verse en PODEMOS es saber si su populismo de nuevo cuño, y su vitalismo telemático, sabrá construir esos puentes y tender esas escalas, que requieren consensos, y sin los cuales y las cuales, no se alcanzan ni desde luego se toman los cielos. 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Once Tesis sobre PODEMOS o el posible fin del Régimen de la Transición del 78. (2ª entrega).

6. La Tesis del Personalismo.
Se reprocha a PODEMOS haber dejado descansar su imagen pública, ideológica, y hasta la electoral, en un líder, en un héroe salvador de la patria. El caudillismo no es nuevo en política antigua y moderna. Todos lo han practicado y lo practican, y más lo hacen quienes carecen de historia partidaria. En qué termine esto no lo sabemos. Y en este no saber anida precisamente la metáfora del Principio Esperanza que reclamaba Ernst Bloch, para todo verdadero profeta salvador y Savonarola que viene a purificar el Reino en la Tierra. Pues este, el Salvador, aumenta su grandeza entre nosotros en la medida en la que es capaz de asimilar lo desconocido, y obligarnos o invitarnos a dar un paso al frente, para adentrarnos con él en un mundo en el que los mapas no han sido todavía trazados. Esta tarea del héroe –necesariamente joven, como la camarilla que rodea su Camelot-, de asimilar la profundidad y densidad del cambio buscado en el Acto Puro de poner en marcha a todos, es ya una respuesta suficiente para la gente. Hacia donde nos dirigimos importa menos que saber que nos dirigimos a algún lado y que nos hemos puesto en camino.
7. La Tesis de una Nueva Transición.
Decía Sartre que el pasado es un lujo del propietario, y que nadie se mete el pasado en el bolsillo, pues hay que tener una casa para acomodarlo. En la defensa cerrada que se ha realizado de la Transición por parte de la nomenclatura que la protagonizó anida una suerte de derecho implícito de los Ancianos, que se niegan a entregar el poder. Para más Inri, estos Ancianos no lo son tanto, y están vivitos y coleando muchos de ellos, pues en su operación de desalojo de la generación que estaba en el poder hace 35 años, ellos eran muy jóvenes, casi tanto como el equipo directivo de PODEMOS hoy. Por debajo de este asunto de la nueva Transición hay un viejo problema de generaciones que compiten, que como sabía Ortega, es uno de los motores más importantes de todo cambio social. Y la gente lo percibe. Y por ello quieren acabar con ese mundo que quiere explicar lo nuevo por lo viejo, y que se resiste a dar un paso al costado. Para todos los que no vivieron aquellos lejanos hechos de la primera Transición, que ya son mayoría, y que no quedaron por tanto, por acción u omisión, vinculados a ese momento fundacional primitivo, la resistencia al cambio constitucional, y a un nuevo consenso, se presenta como una insoportable excusa de quienes han bautizado muchas de sus obstinaciones y no pocas de sus torpezas con el nombre de experiencia. A PODEMOS se reclama experiencia para gobernar, y es precisamente esa “experiencia” vivida, a la luz de lo visto, lo que repugna internamente a quienes quieren apartar lo viejo, para que entre lo nuevo... Este idea mítica, la de una Nueva Transición o nuevo pacto sobre el Arca de la la Alianza, o también mito de retorno al origen, es la más poderosa de PODEMOS y la que más unanimidad suscita. Recuerda un poco los debates que separaban a los republicanos durante la Guerra Civil. El objetivo cuál es: ¿ganar la guerra y desalojar a la Casta? ¿O hacer la revolución ahora?... Ahí tendrá que medirse el temple de PODEMOS.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Once Tesis sobre PODEMOS o el posible fin del Régimen de la Transición del 78. (1ª entrega).

Al prodigio de PODEMOS, es decir, a su sorprendente irrupción en nuestra vida social van unas líneas en esta Bitácora de cosas perdidas, o inusuales. No comentaremos este suceso desde la perspectiva entrevista por los tradicionales detentadores y, con más frecuencia, perdón, maltratadores de la opinión política. Y tampoco desde la que practican los propios valedores de PODEMOS, ayunos y necesitados como están de cargarse de razones, programas, soluciones, medidas, y todos esos recetarios que exige el sistema, a modo de reválida, a quien aspira a ocupar el poder.

Tal vez merezca la pena detenernos en la eficacia del simbolismo arcano de PODEMOS, y en su epifenómeno, y también en algunos de los mitos viejos que arrastra, aun sin quererlo, o saberlo, y que como tales actúan sobre gente de toda edad y condición, sugiriendo una propuesta de recambio...

1. La Tesis de la Compañía.
Hay un dicho sefardita que dice: “No me llores por ser pobre, sino por estar sólo”. En efecto, el discurso evidente y público de  PODEMOS se dirige a criticar el estado de necesidad, de desigualdad e incluso de pobreza relativa que afecta millones de españoles, aherrojados por la crisis hasta llevar a muchos a un nivel de desesperación y tristeza. Pero por debajo de ese discurso hay otro, que es más efectivo emocionalmente, y que tal vez no es preciso enunciarlo. Es el mito de la vuelta al ideal comunitarista, en parte de raíz aristotélica, y que busca el encuentro y la compañía en la ciudad, en la plaza, en el ágora, que ahora ya puede ser virtual, y de ahí el poder de las redes para PODEMOS, porque mantiene la realidad y la ficción de la relación con el otro en tiempo real, 24 horas al día. Es un ideal de reciprocidad y de compañía con el amigo, y en la medida en la que no se enuncia y plasma en principios, -lo que sería muy comprometido y difícil-, resulta aún más eficaz, puesto que cada uno lo puede construir en su imaginario a su gusto. Se trata de despojar a los Señores del Aire, como diría Javier Echeverría, de su dominio telemático sobre las personas para, invirtiendo el uso, emplear las tramas del Espacio-Red a modo de Portal del Tiempo Solidario. Un Portal con el zaguán siempre abierto, con sitio para todos, puesto que se define sobre todo como un no-lugar. Su Reino tal vez no es de este mundo. Pero no importa. Así, en un mundo confuso, lleno de problemas, ininteligible e inseguro, PODEMOS lanza una metáfora de la amistad, del acompañarse y tenerse, y les dice a todos: No estamos solos. No estáis solos. Y eso vale más que el dinero, o que cualquier promesa de Renta Básica de Universal de Ciudadanía para los excluidos del sistema. Es un ideal de la democracia antigua y vecinal. ¿Conseguirá PODEMOS hacerlo creíble, y realizable, gracias a estas redes del Espacio-Tiempo?

2. La Tesis de la Palabra.
Escribía Octavio Paz: “El lenguaje no es una convención sino una dimensión inseparable del hombre. Por eso toda aventura verbal posee un carácter total: el hombre entero se juega la vida en una palabra”. En los mítines de PODEMOS se canta, se lanzan metáforas audaces para tomar el cielo, y hasta se recitan poemas, o se citan versos, entreverados de soflamas y de brindis a ese sol que quiere nacer, y que prefigura un futuro casi al alcance la mano. Esto es inusual en la política de hoy. Ya no se hace; ni ese es el estilo limpio, aséptico, corporativo y empresarial que los asesores de imagen y sus empresas de comunicación han impuesto a los políticos de cualquier partido. PODEMOS vuelve a confiar en el poder de la palabra sagrada, en el verbo primitivo que hizo con el lenguaje hombre al ser humano. Por debajo de las palabras de los programas que contienen tal vez poco detalle, por ahora, está certidumbre que supo ver el mexicano: “Todo poema es una fiesta: un precipitado de tiempo puro”. Y por eso los mítines de PODEMOS y sus largas quedadas adolescentes tienen algo de fiesta, una fiesta de la Palabra Recuperada, en donde las cosas vuelven a querer decir algo, con sentido, algo en lo que uno puede confiar. Y la gente quiere que las palabras vuelvan a querer decir cosas, y que no valgan unas por otras. La gente no quiere palabras kleenex, de usar y tirar, sino palabras de gente de palabra. Por último, decir que el  poderoso simbolismo de escalar hasta el cielo, para entrar en contacto con los seres superiores, presente en el cuento primitivo inglés de “Las Habichuelas Mágicas”, donde Jack tiene que subir el árbol para llegar al cielo para buscar un tesoro, sitúa a PODEMOS en la saga representacional de un  Esculapio o de un Hermes, héroes fundadores y sanadores del cuerpo social.

3. La Tesis de la Centralidad.
Para Aristóteles, de nuevo, la virtud moral se sitúa en el punto medio, equidistante de pasiones y sentimientos contrapuestos. Son muchos los que han interpretado la búsqueda del centro político, enunciado por PODEMOS en su 18 Brumario de Vista Alegre, desde una óptica del oportunismo electoral, y hasta con argumentos sibilinos relativos a una operación de encubrimiento u ocultamiento de las verdaderas intenciones de PODEMOS, una vez que alcanzase el poder. Por debajo de ello, percibido y anhelado igualmente por la gente, hay en cambio un deseo de recuperar un sentido de lo apolíneo, de lo moderado en su forma perfecta. La Tesis de la Centralidad trata de recuperar el sentido del equilibrio, de la medida, de la serenidad y de la jovialidad, huyendo de la desmesura de la gran bacanal dionisiaca de la que todos seríamos culpables. Y por eso, para exorcizar ese sentimiento de culpa colectiva, y para huir del recuerdo de esa bacanal del consumo y de la dilapidación en la que se sumió España durante 15 años, la gente necesita de un joven Apolo, o de varios, que representen ese ideal purificador situado en el punto medio, y representado por el autocontrol. En un país de tradición católica, para muchos, votar a PODEMOS significa pasar por el confesionario para arrepentirse de tropelías y desmanes, propios y ajenos... ¿Conseguirá PODEMOS realizar este viaje al epicentro de la reforma del sistema político? ¿Se lo permitirán sus numerosos flancos, esos que lo han traído hasta aquí? Esos flancos o patas son tantas como lo son las carencias y deseos de quienes proyectan en PODEMOS sus ilusiones y sus aspiraciones. Y PODEMOS, que se presenta como un banderín de enganche hacia el cambio, es tan dúctil que permite que cada uno lo imagine y sienta a su conveniencia. Pero cuando se vea obligado a satisfacer y compatibilizar, en ese cuidadoso punto medio citado, los sueños de unos con las necesidades de todos, su riesgo será que no se produzca un nuevo Desencanto, como el que se produjo tras la recuperación de la democracia y la gente, al dejar las calles, comprobó el acierto de aquello escribiera Giuseppe Tomasi di Lampedusa en El Gatopardo, describiendo el proceso de guerra civil y convulsión que condujo a la Unificación italiana: Que todo cambie para que todo siga igual.

4. La Tesis de la Marea Ciudadana.
PODEMOS, y todo su antecedente convulsivo, como hijo putativo que es del 15 M, se ha hecho en la calle. En la calle recuperada y tomada por los ciudadanos. Todavía hoy muchos de sus Círculos, al carecer de locales, se reúnen en parques, plazas, soportales, y allí donde les dejan. Tiene algo este movimiento de filosofía antigua, cínica y estoica y de desprendimiento franciscano de los lujos. En la metáfora de la Marea Ciudadana están subsumidas y se resumen todas las marchas, caminatas y mareas de todos los colores que han venido recorriendo el país, de Norte a Sur, de Este a Oeste, como una Rosa de los Vientos horadando la tierra para hallar el tarro de las esencias colectivas. El ser humano primigenio se hizo caminando, y las Largas Marchas, y los Éxodos, pertenecen a este imaginario colectivo de los pueblos que caminan y marchan y que llevan como mascarón de proa una promesa. Con eso basta, puesto que el mecanismo de la marcha colectiva socializa el sufrimiento entre toda la comunidad. Hay otros caminan porque los han desahuciado, o porque igualmente temen perder su casa. Se trata por tanto de ir hacia adelante, de caminar incluso sin fe, sin aferrarse a nada. Por eso la Caminata es una metáfora del desprendimiento de los viejos valores, y la Marea es una alegoría higienista del que viene a limpiar la playa de chapapote y de los tenderetes con que la han mancillado especuladores y ventajistas. La playa virginal que hay que recuperar es el Templo edénico. Por último, los que marchan y caminan en esta Marea, con Benedetti y con Brecht, rinden homenaje a aquel que llevaba un ladrillo a cuestas para mostrar cómo era su casa.

5. La Tesis de la Inmadurez, o del Regreso de Peter Pan.
Hay un rechazo a la madurez en PODEMOS y la gente percibe y comparte esta deriva. Y se congratula de ello. Y a su vez los feudatarios de la llamada Casta y sus privilegios recriminan a PODEMOS su falta de solidez, la propia inmadurez de sus planteamientos, su ingenuidad y su adanismo a la hora de plantear soluciones viables, factibles, para todos. Yo de chico era ya muy discutidor y díscolo. Y con frecuencia alguno de los Hermanos de la Salle, o algún profesor, trataba de zanjar las discusiones conmigo con el no-argumento de que yo era aún pequeño o joven para entender, para comprender el alcance de las cosas. Aquello me irritaba y me sacaba de mis casillas. Yo sólo entendía ese interdicto como apelación a un principio de autoridad que concebía la relación profesor-alumno como práctica disciplinaria y castradora. Y eso que todavía no había leído a David Cooper. Seguro que decía yo muchas tonterías, cierto. Pero también recuerdo ahora las tonterías que decían muchos de mis maestros. Y su miedo a la verdad. Pues allí donde está el desconocimiento también está la posibilidad y la frescura de crear lo nuevo. Decía Oscar Wilde que la educación es una cosa admirable, pero que conviene recordar de cuando en cuando que nada de lo que vale la pena ser aprendido puede enseñarse. En PODEMOS y en su pretendida inmadurez hay un Peter Pan que ha vuelto..., y la gente está de su lado.